En el marco de los desfiles de Carnaval 2026 de Monte Caseros, se dieron en las primeras noches, hechos policiales similares, pero con diferente resolución.
28-01-26
Para poner las cosas en contexto, sobre todo para aquellos que desconocen el tema, hay que remontarse a la noche del sábado 17 de enero, cuando un reconocido médico local, su hermana y un amigo de éstos, agredieron físicamente a los agentes del orden que intentaban persuadirlos de atemperar sus conductas antisociales.
Lejos de aceptar la sugerencia, el grupo de civiles se puso más beligerante y uno de ellos terminó rompiéndole la cara a una Sargento Primero de la fuerza de seguridad Correntina.
Ahora bien, analicemos cuál fue el accionar de la policía ante este hecho.
Los agentes del orden podrían haber utilizado su autoridad para detener a los violentos utilizando la figura legal de flagrancia, que les permite arrestar a los sujetos sin que medie orden judicial.
El delito en flagrancia ocurre cuando una persona es sorprendida en el momento exacto de cometer un delito, durante su ejecución o inmediatamente después, siendo perseguida o encontrada con objetos que demuestran su participación.
Permite detenciones sin orden judicial previa y activa un procedimiento rápido para agilizar la justicia.
Es decir la policía tenía la autoridad y las herramientas legales para poner en la cárcel, aunque más no sea por el término de unas horas a los involucrados.
Pero eso no sucedió, los agentes se autolimitaron y los violentos permanecieron en libertad y recién luego de la intervención de la fiscalía, el juez a cargo logró dictar algunas medidas coercitivas solicitadas por el Ministerio Público Fiscal.
En cambio en el otro hecho ocurrido en la madrugada del 24 de enero en el mismo predio y en este caso en una riña entre civiles.
La policía decidió utilizar toda la fuerza posible para inmovilizar a un hombre discapacitado que padece autismo.
A éste sujeto lo golpearon, lo esposaron, le clavaron las rodillas en distintas partes del cuerpo para inmovilizarlo, al punto que el hombre en cuestión solicitaba que le dieran un respiro porque se moría.
Claro, el muchacho no era médico, ni era de apellido patricio como los Arietti; era un vecino más, de apellido Fracalossi.
Sobre éste no hubo miramientos, le dieron un escarmiento físico importante, aunque tampoco lo detuvieron, por obra y gracia de sus familiares y algún que otro funcionario municipal que medió en el asunto.
Pero además la policía, o algunos miembros por lo menos, intentaron impedir que la prensa pudiera registrar los hechos que acontecían.
Y no faltaron algunos personajes aparentemente civiles, que les colaboró para que la información sea obturada los más posible.
Otro hecho que preocupa es la extralimitación del accionar de las personas contratadas por la organización carnestolenda como prevención o seguridad privada.
En este caso me refiero exclusivamente a personal de la empresa "Pretorianos".
Se supone que estas personas tienen la función de colaborar en la prevención de hechos de inseguridad.
Es bueno aclarar que no tienen ninguna autoridad o poder de policía sobre los civiles, están allí para mirar, observar y en el caso que haya un disturbio informar a la policía que sí tiene autoridad territorial.
Volviendo al caso del último sábado nos ha tocado padecer el acoso de un "Pretoriano", que molesto por nuestra labor periodística, se salió del predio para increparnos, no sé que cosa exactamente.
Pero insistía en que no teníamos derecho a tomar imágenes de lo que sucedía en el lugar, posicionándose como personaje superlativo al que no le cabe las generales de la ley, a la vista de los agentes policiales que no atinaron a decirle nada.
En resumen; es claro por lo menos para mi, que la vara utilizada por la policía es de distinto tenor.
Si se usa para azotar a un ciudadano de a pie, la furia se torna en descontrolada e irracional.
Pero para aplicarse a unos personajes con pedegree, más bien se utiliza para acamalar, para un futuro promisorio.

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