La crisis económica es cada vez más acuciante en nuestro país, la provincia y obviamente en Monte Caseros.
18-05-26
Es una de esas crisis de las que nadie puede negar, aunque sus orígenes tienen múltiples explicaciones según el interlocutor consultado, pero eso es harina de otro costal.
A lo que me gustaría referirme, es a las necesidades alimentarias insatisfechas que recrudecen semana a semana.
Como ejemplo, deseo compartir con ustedes una experiencia concreta realizada aquí en barrio San Ramón Sur, donde vivimos muchas personas de clase baja trabajadora y otras sumidas en la pobreza o directamente en la indigencia.
Hace un tiempo al notar la presencia de personas pidiendo comida, leche o pan, en un barrio donde no está sobrando demasiado, se encendieron nuestras alarmas internas.
Así que decidimos con mi compañera Laura, gestionar ayuda para por lo menos, una vez por semana, realizar una olla de comida con donaciones de gente conocida, buena y dispuestas a aportar su granito de arena.
En principio teníamos la errada idea que unas treinta personas entre niños y adultos estaban pasando necesidades urgentes y con ese objetivo nos pusimos a trabajar.
Grande fue nuestra sorpresa, cuando vimos que la primera olla había tenido una demanda de más del doble de lo que pensábamos al respecto.
De todos modos, todos los comensales fueron bien abastecidos de una comida caliente con todos los nutrientes necesarios acompañada con pan del día y de buena calidad.
Para ello el aporte de los donantes fue sumamente importante, porque donaron alimentos de buena calidad y suficiente para abastecer a los vecinos, no solo de S.R.S sino de otros barrios aledaños.
Con la primera olla solidaria contabilizamos unas 85 porciones de comida aproximadamente y creímos que eso fue el tope de la demanda.
Pero la segunda olla solidaria nos dejó atónitos cuando distribuimos casi 100 porciones de comida, siendo que muchos vecinos que vinieron a la primera no repitieron en la segunda.
Es decir, que la tendencia es claramente de aumento en la demanda de comida, por lo que estimamos que para una tercera olla, tendremos que estar preparados para asistir a un grupo de más de 100 personas, si se da la lógica estimada.
Si fuera así, además de los donantes solidarios que meten su mano en los bolsillos para ayudar a gente necesitada, indudablemente también vamos a necesitar el apoyo institucional del municipio o algún otro organismo gubernamental, que diga presente ante las calamidades que están pasando nuestros vecinos.
Por nuestra parte las ganas de aportar trabajo, gestión e ideas está siempre, pero como sabrán los recursos son escasos y sin estructura, no habrá posibilidades de continuidad de asistencia alimentaria.
Un párrafo aparte merece la falta de medicamentos para enfermedades crónicas, como la hipertensión, diabetes, coronarias y demás.
Acá las cosas se complican mucho porque distribuir medicamentos es de una enorme complejidad, aunque se tenga el recurso, como sabemos que lo tienen algunos referentes locales y los guardan.
Digamos todo
A pocas cuadras de donde estamos cocinando, el municipio tiene un Comedor Barrial que funciona de lunes a viernes.
Allí muchas personas acuden por comida y son asistidos por la comuna.
Pero los fines de semana y feriados muchos se quedan mirando la fiambrera, porque no hay servicio, y como Uds saben el hambre no conoce de feriados.
Es por eso que decidimos realizar las ollas solidarias los domingos, para que no sea tan largo el tiempo de espera entre comidas.
En momentos donde el hambre golpea las puertas de los más vulnerables, lo peor que podemos hacer es mirar para otro lado o darle prioridad a asuntos triviales.
Hoy quiero hacer mías las palabras que sentencian: "Quien no vive para servir, no sirve para vivir".




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